Frikastur

miércoles, marzo 21, 2012

Sergey sacudió las manos intentando entrar en calor… La mañana comenzaba a despuntar entre la niebla dejando ver las suaves lomas mientras mil y una ideas campaban por su cabeza. Nunca le había gustado esperar, y odiaba la calma que precedía a la tempestad. No era una auténtica tempestad lo que les acompañaba, pues sorprendentemente, la mañana se presentaba sin esa persistente y fina lluvia que calaba hasta los huesos y que esos extraños camaradas asturianos llamaban orbayu, una de tantas palabras que estaba aprendiendo a marchas forzadas desde que llegara en el Andrev hacía unas semanas. Pronto se dio cuenta que el poco y rudimentario español que había aprendido durante el viaje de poco servía en Bilbao, donde los camaradas hablaban un extraño idioma, y de poco más Servía en Asturias donde se encontraba ahora, meditando que hacía ahí esa fría mañana de noviembre. Comenzó a escuchar un leve tintineo cada vez mas intenso. Comenzaba a llover, y no era el fino “orbayu” habitual, sino que era lluvia en condiciones, repiqueteando sobre el blindaje de su blindado. Bajó la cabeza, cerró la escotilla y se dispuso a esperar a que terminara el chaparrón o comenzase el ataque. Había venido a luchar, no a mojarse. Que diablos, tampoco había venido a luchar. Pero estos valientes camaradas necesitaban de la ayuda de los blindados y aún no habían tenido tiempo de instruir a las tripulaciones, y ahora iban a entrar en combate. Cuando hacía poco más de un mes decidió salir de su regimiento de carros en Odesa, no se imaginaba que estaría en esta situación. Tampoco se imaginaba España como un lugar tan sumamente verde, montañoso y cubierto de niebla, y sin embargo, precioso. Observó con detenimiento a sus compañeros dentro del blindado. Junto a el, ocupando la torreta se encontraba el cabo Krutvchenko, compañero de fatigas en Odesa, un joven uzbeko de 22 años que no sabía muy bien que hacía ahí y que se mordía frenéticamente sus uñas, llenas de grasa de motor,( habían tenido que reparar una pequeña avería un par de horas antes) intentando controlar su miedo. Bajo ellos, en el puesto de conducción, se encontraba la representación española del blindado, un intento de rellenar las tripulaciones con combatientes locales. Curiosos estos hombres que vestían gastados monos de faena e iban tocados por una extraña prenda de cabeza, negra, redondeada, terminada en un pequeño rabito y que era habitual en las gentes de la zona, sobre la que, eso sí, llevaban unas flamantes insignias en las que se adivinaba la silueta de un Broneavtomobil. Unos tipos interesantes estos republicanos españoles. En el puesto de la ametralladora se encontraba el cabo García , un hombretón socialista curtido de años de trabajo en la mina( y del que Sergey dudaba fuese realmente cabo) que llevaba un enorme pistolón colgado del cinto. Fumaba tranquilamente , para exasperación de Sergey, que no conseguía hacerse obedecer por ese asturiano que no entendía, o no quería entender, el peligro de fumar en un vehículo lleno de gasolina y proyectiles. Y no le sorprendía, por que había visto en acción a los llamados “dinamiteros” que tranquilamente encendían la mecha de la dinamita acercándolas al omnipresente cigarrillo que siempre llevaban en los labios, para acto seguido lanzarla contra los fascistas. Y para empeorar la situación, la noche anterior, antes de partir, el cabo García se había plantado en el blindado con una caja de madera llena de bombas de mano… sin espoleta. Krutcvchenko intentó hacerle ver que necesitarían las espoletas, pero observaron asombrados como de aquellas granadas emergía una pequeña mecha. Ahora ese loco asturiano fumaba tranquilamente junto a esa caja , recostado en su asiento.

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1 Comments:

Blogger Felix said...

Esto son mis primeros pinitos en la novela historica. para evitar que anden siendo plagiados, aunque no creo que nadie se dedique a eso, van a ser subidos a este blog... por lo cual cuento con la cobertura legal de mi IBSN

10:06 a. m.  

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